La consola de Finanzas lleva la bandeja a cero; esta app evita que la bandeja se llene. Buscas al cliente, su deuda ya está seleccionada, eliges cómo paga —enlace por WhatsApp, transferencia, efectivo o firmando en el dispositivo— y el recibo se numera, se genera y se envía solo. Del saldo al recibo: tres toques — y el cobro más común, dos gestos. Lo que hoy es redactar un comprobante, mandarlo por WhatsApp y conciliarlo después, desaparece: el recibo no es un documento que alguien hace — es el residuo automático de un cobro completado.
Una pantalla, una pregunta: ¿a quién le cobro? El teclado ya está abierto y los clientes con deuda reciente aparecen antes de teclear; dos letras filtran por nombre, teléfono o RIF, y cada resultado trae su saldo. Deslizar una fila envía el enlace del saldo completo sin abrir la ficha: el cobro más común son dos gestos. Abajo, los enlaces vivos — aro (enviado), mitad (visto), lleno (pagado); tocar uno lo reenvía o lo copia.
El cliente que no existe no interrumpe el cobro. La búsqueda vacía se convierte en el alta: el nombre ya está escrito (era la búsqueda) y el WhatsApp es el único campo obligatorio — el RIF y los datos fiscales los completa el cliente en su primer enlace, no la cajera con la fila esperando. Y como todavía no hay factura, el concepto y el monto crean la factura y el cobro en el mismo gesto. Si el nombre se parece a uno que ya existe, la app lo susurra antes de crear un duplicado.
Nada que armar: la deuda ya viene lista. Las facturas más viejas llegan preseleccionadas y el número grande es lo que se va a cobrar — destocar una factura ajusta el total. Lo que está en tránsito aparece apagado: se ve, no se cobra. Abajo, las tres formas de cobrar — y la app aprende: el método con el que este cliente siempre paga sube al botón primario. Un toque decide el camino.
El cobro remoto deja de ser perseguir. El mensaje sale armado con el saldo vivo — nadie copia montos ni redacta. ¿El WhatsApp es otro — la asistente, el socio, un número nuevo? Cambiar el destino es un toque y no reescribe la ficha (guardarlo es opcional). Y el enlace es portador: se copia, va por SMS o se muestra como QR en el mostrador. Cuando alguien paga, el webhook hace el resto: recibo emitido y movimiento conciliado sin que nadie toque nada.
Esto es lo que se abre al tocar el enlace — sin app, sin registro, sin contraseña. La página no es un monto congelado: es una ventana al saldo vivo — si el cliente ya abonó por otra vía, el número bajó solo. Paga con tarjeta en un toque, o por transferencia con los datos exactos de la cuenta de la entidad y la captura subida ahí mismo (entra a conciliación con el match ya sugerido). Al pagar, el recibo aparece en la misma página y llega por WhatsApp. El enlace muere al pagarse: quien lo abra después ve el recibo, no un botón de pagar — y si queda saldo, la página lo ofrece en voz baja.
El pago que llegó por fuera entra con la misma disciplina. El monto se compara solo contra las facturas — si cuadra, lo dice; si no, abre el camino parcial. La referencia bancaria viaja al libro, y el efectivo exige comprobante — la misma regla que iluminó la caja negra de Egresos. Confirmar emite el recibo. Un formulario, cuatro campos, cero cálculo mental.
La pantalla se voltea, el lenguaje cambia. En modo cliente no hay menús ni datos internos: fondo oscuro, el monto enorme, y una sola pregunta — ¿recibí conforme? El cliente firma con el dedo, confirma, y la firma queda sellada dentro del recibo. Es el mismo gesto de la entrega en Despacho: el dispositivo viaja, la confianza también.
Nadie "hizo" este recibo. Se numeró solo por entidad —REC-VE para Venezuela, REC-US para la LLC—, tomó las facturas, el método, la firma y quién cobró, y salió por WhatsApp antes de que el cliente guardara el teléfono. Es inmutable: no se edita ni se borra — si algo salió mal, se anula con motivo y queda el rastro. Y en la consola ya aterrizó conciliado.
| Acción | Cajera | Cobranzas | Contador | Admin |
|---|---|---|---|---|
| Buscar clientes y ver su saldo | ||||
| Enviar enlaces de pagoWhatsApp · pasarela | ||||
| Registrar pago recibidotransferencia · Zelle · Binance | ||||
| Cobrar efectivoexige comprobante | ||||
| Ver cartera completa y vencidos | ||||
| Conciliar y exportaren la consola de escritorio | ||||
| Anular un recibocon motivo · queda el rastro | ||||
| ● permitido · ○ no existe en su pantalla — no se deshabilita: desaparece | ||||
Los permisos no son candados: son pantallas distintas. A la cajera no le "bloqueamos" la cartera — su app simplemente no la tiene. Cada rol abre en su propio inicio (la búsqueda, los enlaces, el libro) y lo que no puede hacer no aparece. Son los mismos roles RBAC de la plataforma Mogos: nada nuevo que administrar.
La velocidad no es una animación rápida: es no tener que pensar. Cada flujo se midió en gestos desde la pantalla de inicio — este número es el hallazgo, y defenderlo es parte del diseño.
Un cliente que abona la mitad, que paga de más, que paga en bolívares; un mostrador sin señal, dos cajeras sobre la misma ficha, un recibo emitido por error. La app nunca fuerza el cuadre ni deja borrar la historia: todo camino raro termina en un recibo con rastro — y la consola de Finanzas lo hereda con su motivo.
La consola de escritorio es el libro; esta app es la mano que cobra. Viven separadas porque su usuario y su momento son distintos: la cajera con un cliente al frente no necesita la bandeja del contador — necesita cobrar en tres toques y que todo lo demás pase solo. Cada cobro que nace aquí llega al libro conciliado, con su recibo, su firma y su responsable. La bandeja de conciliación queda para lo que entra por fuera — y cada vez es menos.